Desde La Punta, en el noroeste de la isla, ascendemos por un antiguo camino empedrado a través de un mar de almendros hasta alcanzar el filo del acantilado que bordea el espectacular Barranco de Las Angustias. En un pequeño mirador encontramos grabados rupestres pertenecientes a la cultura Benahorita.
La vista es extraordinaria y cuesta poco imaginar qué sentían los antepasados de La Palma al observar desde ahí el enorme cráter de La Caldera de Taburiente, el Valle de Aridane, la cordillera sur que constituye la Ruta de Los Volcanes, o la cumbre central que da paso al incomparable espectáculo de las nubes cayendo en forma de enormes cascadas.
Desde aquí el zigzageante camino un continuado descenso nos lleva hasta el Puerto de Tazacorte, situado en el extremo del Barranco de Las Angustias, salida natural de La Caldera de Taburiente.
A lo lejos divisamos el antiguo refugio pesquero con sus tabernas de pescadores y su bulliciosa actividad cotidiana. Miles de toneladas de plátanos fueron embarcadas desde aquí a principios del siglo XX con destino a Inglaterra, empujando a la economía palmera que floreció al amparo del cultivo intensivo del plátano. Una actividad que todavía hoy sigue siendo el motor de la economía insular.
La protegida playa de arena negra que se extiende entre la escollera del nuevo y del viejo puerto, nos ofrece, tras la caminata, una excelente oportunidad para tomar un refrescante baño o solaparnos bajo el sol del atardecer.