9,30 h. de la mañana. Todavía el sol no despunta tras la cumbre. Una leve penumbra invade las exuberantes dunas de ceniza volcánica. Los pinares centenarios mecen suavemente sus acículas al ritmo de la brisa matinal. Estamos en el Llano de Las Brujas, a más de 1.000 metros sobre el mar.
El sendero serpentea por este exótico e impresionante lugar y nos traga bosque adentro hasta alcanzar el imponente caudal petrificado del río de lava del volcán San Juan.
24 de junio de 1949, día de San Juan, en el amanecer: La tierra se parte y comienza el lento vómito de lavas incandescentes desde las entrañas de la tierra. Unas, fluyen veloces cuesta abajo hasta fundirse con el mar. Otras, más viscosas, se atropellan, cubren y arrasan cualquier vestigio de civilización. Cuando la fiebre del volcán se apaga, un dantesco escenario redibuja el rostro de La Palma.
Nuestro camino sigue ahora hacia el Llano de Tamanca, sorteando pequeñas huertas en donde la vida germina de nuevo y lucha por recobrar el sitio arrebatado por el volcán. En este pintoresco lugar, sembrado de viñedos y salpicado de árboles frutales, florecen bonitas casas de labranza y resurge el quehacer campesino de nuestra isla.
Al filo de la una finaliza nuestra ruta con sabrosas tapas preparadas de manera casera, en el bullicioso caserío de San Nicolás.